Tribuna de Josep González. La Nueva Ruralidad empieza por un clic

El presidente de la Fundació Pimec, Josep González, en las nuevas instalaciones corporativas

Para mucha gente, el mundo rural es todavía una postal: campos de cultivo, masías, silencio…, pero detrás de esta imagen romántica se esconden realidades complejas, retos estructurales y, sobre todo, oportunidades olvidadas. La digitalización —lejos de ser un lujo urbano— es una necesidad urgente si queremos garantizar la vida, la actividad económica y el emprendimiento femenino en el interior del país. Esto es lo que, desde la Fundació Pimec, denominamos Nueva Ruralidad.

Una nueva ruralidad que rompe tópicos: la ruralidad no es solo agricultura y ganadería. Es también hostelería, organización de eventos, tecnologías verdes, servicios culturales, y sí, startups tecnológicas. El mundo rural puede ser un espacio para vivir y también para innovar, si la administración, las entidades y el tejido empresarial proveemos de los recursos y la mirada adecuada.

Esta mirada empieza por un diagnóstico claro: la carencia de conectividad y el exceso de burocracia son dos barreras que dificultan, o directamente impiden, que una mujer con una idea pueda poner en marcha su proyecto en un entorno rural. Así lo expresan con contundencia las integrantes de la Alianza de Entidades de Mujeres Rurales, impulsada por la Fundació Pimec y Pallars Actiu. Una Alianza formada por empresarias que tienen una fuerza admirable e ideas transformadoras.

Por todo esto, desde la Fundació, trabajamos en programas de formación y mentorías para mujeres emprendedoras, porque ningún proyecto se quede en el cajón por carencia de cobertura, de conocimiento digital o de referentes.

El territorio tiene valor. Y las personas que viven, todavía más, pero para que este valor se transforme en futuro, hay que dotarlo de herramientas. Un territorio sin fibra óptica o sin 4G no es solo un territorio desconectado, es un territorio condenado al olvido. Y no nos lo podemos permitir. Ni socialmente, ni económicamente.

Esta nueva ruralidad no se construye solo con discursos: se construye con políticas valientes, con inversión tecnológica, con apoyo al emprendimiento y con visibilización del liderazgo femenino. Cuando una mujer rural crea una empresa, no solo activa la economía local: activa la vida, el retorno del talento, el reequilibrio territorial y la sostenibilidad.

Hay que dejar atrás la visión urbana de la modernidad. El futuro también se puede escribir desde un pueblo, desde un entorno natural, desde un proyecto pequeño pero arraigado. La digitalización no es el final del camino, es su principio. Y si queremos que la ruralidad forme parte de la solución a los grandes retos globales, como el despoblamiento o el cambio climático, tenemos que empezar por aquí: por un clic.